-¿Y dónde está tu amigo?.
-¿Mi amiga?, No está. O sí, pero no la veo, ya no la veo.
- ¿Querés que te ayude a encontrarla?... Mirá, en la habitación del frente no hay nadie, en la de al lado, no contestan. Y más para allá hay otra, ahí solo hay “sanguches” de miga… pero nadie los come. ¿Qué raro no?.
En el cumpleaños de Clarita había panchos y chizitos, me encantan los chizitos. Pero mi mamá no me deja comer mucho porque dice que me inflo la panza con eso y la coca-cola. ¿Te gusta la coca-cola?.
- Si. Me gusta…
Ana estaba con la mirada perdida y le acariciaba el pelo a Santino, mientras, él se dejaba acariciar.
-¿Y?... ¿querés que busquemos a tu amiga?. En la mochila tengo mi linterna y mis gafas anti-oscuridad. Si queres te las presto.
-Gracias, pero no. Estoy cansada y ya es tarde. Vos que hacés, sólo, “investigando”, ¿y tu papá?.
-Mi papá esta con esa gente y a mi me dijo que me sentará en el banco de la entrada… viste allá, -señalando con el dedo-, adelante… pasando las flores. Cómo tardaba mucho me quedé dormido y, cuando me desperté, el seguía hablando con Cacho y otra gente que no conozco.
¿Vos tampoco no? ¿Lo conoces a cacho?.
- No, a cacho no. Te dije que solamente conozco una persona de acá pero que ya no la veo. ¿Querés que te lleve con tu papá?
- No… no, me aburro, además, me dice que me quede sentado y ya me cansé de apuntarle con el laser 'infla-rojo' a toda esa gente. Algunos vienen y me dan besos, pero a mi no me gusta.
Santino se quedó en silencio un momento y dijo:
-Ana… ¿Por qué algunos se ríen y otros lloran?
- Y en general en la vida... pasa eso. Mientras que algunos se ríen, otros lloran. ¿Tu papá qué te dijo?. ¿Por qué estás acá?.
-Nada…
Santino hizo una pausa y revisó su mochila, cómo buscando algo, mientras le dijo a Ana:
-Hoy a la mañana no fui al colegio, porque mi mamá se fue y, después, me puse a mirar la tele. Se hizo tarde y no volvió. Ella me lleva al colegio, porque mi papá está trabajando, así que yo me quedé con Marta, es re buena; Me conoce desde que nací. Me hizo la leche y me ayudó con la tarea, pero estaba triste, no me quiso decir porqué.
Más tarde vino mi papá, muy apurado, y habló con Marta a escondidas. Yo creí que era porque mi hermano hizo algo malo y no querían que me enterara,- Igual me iba a enterar porque Nacho me cuenta todo-, a veces me pelea, pero me defiende de los de primer grado...
Dejó de revisar su mochila, y miró a los ojos a Ana:
-Mi papá no me dijo porque estoy acá; Solamente me fue a buscar a mi casa y me trajo. Me habló de un accidente, me dijo que mi mamá chocó con el auto, y que está en coma. ¿sabés lo que es?. Es como estar dormida. Pero solamente que no te despertás, aunque te griten, no te despertás. Eso me dijo.
Pobre Nacho, al final no hizo nada, el está en el hospital porque iba con mamá y se lastimó la muñeca, por eso, le pusieron un Yeso. Ahora todos se lo vamos a firmar. ¿Vos tuviste yeso?.
- Si una vez, pero en el pié, y me lo firmaron todos mis amigos; lo malo es que te pica y no te podés rascar. ¿Y que pudiste averiguar con tus lentes y tu linterna?.
- Nada, porque me olvidé de sacarlas de la mochila, pero te encontré a vos y leí un cartel que decía: Flia. Martinez, ¿Vos la conoces a Flia? Yo conozco a todos los Martinez, pero no hay nadie que se llame Flia…
-No. No la conozco, pero me parece que eso es un regalo de toda la Familia Martinez. No es alguien que se llama Flia.
- Ah… ¿Un regalo?... y ¿para quién?. Si a mi me regalan flores, en mi cumpleaños, no los dejo entrar; para qué quiero tantas flores. Tienen mucho olor, además son de nena. Yo Prefiero los autitos o cosas para investigar. Mi hermano me regaló unas antiparras y yo las uso para mirar abajo del agua e investigar cuando voy al mar o a la pileta, hay mucha mugre, la gente no se baña cuando va a una pileta. Claro, para qué, si igual se baña en la pileta ¿no?.
-Ana sonrió nuevamente y volvió su mirada al vacío. Por unos minutos el silencio se apoderó del aire y la habitación quedó congelada entre el cuadro que pendía de la pared, la lámpara y los sillones. No había más papel tissue, ni lágrimas que secar.
Santino, agarró su mochila, se guardó la lapicera y la servilleta, que estaban sobre la mesa ratona, la miró a Ana y le dijo:
-Ana, ¿querés venir a buscar a tu amiga?, ésta linterna es super potente y se ve de muy lejos. Por ahí, tu amiga, se perdió entre tanta gente y también te está buscando, o se quedó dormida cómo mi mamá, pero si vos le hablás se puede despertar.
Ana se levantó y agarró la mano que Santino tenía extendida. Caminaron el pasillo y pasaron por todas las flores que ya empezaban a tener un olor ácido, asqueante, al menos para Ana.
Al llegar al pequeño cuarto del principio, Santino le dijo:
-¿Ves?. Esto es muy raro... porque hay una mesa llena de “sanguches” y nadie come… esto lo tenemos que tener en cuenta.
A medida que se aproximaban, al murmullo y al llanto, Ana entendió que Santino tenía razón. Había muchísima gente, algunos riendo, otros llorando, otros hablando de las próximas elecciones. Con el correr de las horas, la gente se olvida por qué está reunida ahí, rodeada de flores y de encierro.
Antes de llegar a la sala principal, Ana se paró de golpe. Santino la miró y le preguntó que le pasaba, pero no le respondió, él se encogió de hombros y siguió caminando. Al ver que Ana no lo seguía, se quedó esperándola viendo cómo nuevamente comenzaba a llorar.
-Ana, no llores… tu amiga debe estar por acá. ¡¿A dónde se va a ir sino?!. Mis amigos siempre me esperan a la salida del aula. Nunca me dejan solo.-
Ana lo miró sorprendida y le dijo:
-Tenes razón, pero por qué mejor no vamos arriba.Y le señaló una escalera.
-Fahhhhh!!! ¿Cómo no la ví?, es que recién me despertaba. Dale vamos a investigar, seguro ahí hay más rastros.
-Y menos gente… ¿no?.- Agregó Ana.
Con una mueca cómplice, ambos se miraron y subieron la escalera. Las luces estaban apagadas y había muchas ventanas que daban a la calle. En ese piso no había flores, sino pequeñas oficinas y un baño. Ana se acercó hasta una de las ventanas y levantó la cortina.
-Todavía no amaneció… deben ser las 4 de la mañana.-
Santino, mientras tanto, estaba investigando los distintos cuartos y trataba de encontrar una luz.
-Ana… ¿me prendés esa luz que no llego?.
-¿Te parece? ¿No nos retarán?
-¿y quién? si acá no hay nadie. Están todos abajo y ni se dieron cuenta de que no estamos.
- Es verdad.-
Ana prendió la luz de la oficina y Santino, comenzó a gatear por el piso en busca de pistas con su linterna encendida alumbrando la alfombra. Ana miraba por la ventana, la noche lluviosa y el olor a las flores eran cada vez mas insoportable; Subía desde la planta baja, cómo queriendo recordarle, todo el tiempo, dónde estaba realmente.
Santino salió de la habitación y le dijo:
-Ana… No había nada eh. Busqué en todo los rincones pero no hay nada. Tu amiga no dejó rastros… ¿se habrá ido con un extraterrestre? Porque si es así tendría que traer a 'Buzz Light Year', que puede ir al espacio y más allá. Yo tan alto no llego.
Ana lo miró y le sonrió:
-No Santino mi amiga no se fue con los extraterrestres. Seguramente está alto, pero no creo que esté con un OVNI.
Santino se encogió de hombros, se sentó en una de las sillas y se apoyó en su mochila. Al rato se quedó dormido. Ana lo tapó con su campera, se sentó a su lado y fue quedandose dormida. Cuando Santino abrió los ojos y la vio a Ana en la silla de al lado, se sacó la campera y la tapó. Despacito, fue hasta el baño tratando de no hacer ruidos, para evitar despertarla. Cuando salió, Ana estaba despabilándose y bostezando.
-¿Qué hora es?, le preguntó santino.
-No tengo reloj, pero ya no se escucha tanta gente, ¿vamos para abajo?.
Santino agarró su mochila y la siguió. Cuando bajaron ella se quedó en el cuarto dónde estaban los “sanguches de miga” y Santino se sorprendió. La gente ya no se reía, ni lloraba y muy pocos estaban hablando o lo hacían en voz muy baja.
Reconoció la voz de su papá entre tanto silencio y cruzó nuevamente el pasillo de flores. Al llegar a las tres habitaciones, vió que las de los costados estaban llenas de gentes que no conocía, durmiendo en los sillones o hablando bien bajito.
La puerta del medio estaba entreabierta. Golpeó, pero cómo no contestaron, lentamente la abrió. Ahí estaba su papá arrodillado ante una cruz enorme, casi tan alta como él. Con la figura de Jesús crucificado. Santino se quedó mirándolo, pero no le dijo nada. César, no lloraba, ni reía, estaba sólo mirando la cruz.
Detrás de él, había “una caja de madera” con muchas manijas y telas blancas, que sobresalían de los bordes.
Santino despacio se acercó a “la caja” y la recorrió de lado a lado; Era muy alta, no llegaba a ver que había dentro. En esta habitación también había flores, pero el olor ya le estaba empezando a desagradar. Lentamente, se acercó a su papá y le habló en voz baja:
-Papi… ¿Porque mirás a Jesús?
César, estaba perplejo. De pronto se percató de que ya no estaba solo:
-Santino... amor, lo miro porque estoy esperando una respuesta.
-¿Qué hay en esa caja?.
-Eso no es una caja. Es un Ataúd.
-¿Y qué hay adentro?
-Adentro no hay nada. Hay alguien Dormido.
- Ah… Como mamá.
César lo abrazó muy fuerte y secándose las lágrimas, le dijo:
-Adentro descansa mamá.
- Pero, ¿por qué, no está en el hospital, cómo Nacho?. La tenemos que despertar, sino mañana ¿quién me lleva al colegio?. Además mamá duerme en una cama, no en una caja de madera, debe estar incómoda. ¿Porque no la despertamos?.
Santino comenzó a ponerse ansioso y sintió que el aire de la habitación lo estaba empezando a ahogar.
-Santino… ¿viste que te dije que estaba mirando la cruz y esperándo una respuesta?
-Sí. ¿Y qué le preguntaste a Jesús?.
-En verdad, no fue una pregunta, fue más bien un pedido. Le pedí que me diera fuerzas y que me ayudara a darte a vos todas esas respuestas que estás necesitando. Y para eso, le pedí una señal.
-¿Una señal?, ¿de qué?
- Una señal que me demuestre que sos valiente y que vas a aceptar todas las respuestas que yo tenga para darte.
-Yo soy re valiente pa…
-Claro que sí, pero hay momentos en los que uno, por más que sea valiente, se siente debilitado… a todos nos pasa.
-¿Vos estás debilitado? ¿Querés que te dé fuerzas?
-Si, en verdad sí. Pero nos tenemos que dar fuerza mutuamente, con Nacho también. Cómo un equipo. A jesús le pedí una señal, porque pensé que tu mamá me había dejado solo pero, cuando te ví entrar, me acordé de que ahora está más a mi lado que nunca, porque dejo conmigo lo que más amaba.
-¿Entonces no la vamos a despertar?.
-No Santi, mamá no se va a despertar, por más que queramos. Ahora ella está durmiendo en otro lugar, ni en ésta “caja de madera”, ni en la cama.
-Entonces, ¿no la voy a ver más?
-Físicamente, no. Pero vas a encontrarla en cada centímetro de tu piel. En tu mirada, en la sonrisa de Nacho. Ahora mamá, está durmiendo en tu corazón y vas a tener que despertarla de a poco para que siempre te acompañe.-
Santino lo miró y miró “la caja”, lo abrazó fuerte y se acordó de Ana.
-Ahora vengo.- Le dijo a César. Y salió corriendo por el pasillo de las flores, casi marchitas, hasta llegar al banco de la sala principal. Ahí estaba Ana, mirando fijo un cartel de“Prohibido Fumar”.
-Ana.. Ana, ya sé dónde podés encontrar a tu amiga.
Ana lo miró sorprendida y vio que la última puerta del pasillo estaba abierta:
-Ah sí. ¿Dónde la puedo encontrar?, le contestó sin ganas.
- Ella esta dormida, dormida en una caja. -le señaló el ataúd de la habitación del fondo-, cómo mi mamá. Pero no te preocupes por despertarla, porque aunque queramos no la vamos a poder despertar. Igualmente mi papá me contó algo muy importante: una señal que le dio Jesús.
Ana lo miró extrañada, pero lo escuchó con atención.
-¿Y qué te dijo tu papá?- Me dijo que la que dormía en esa caja era mi mamá. Pero que no importa si está incomoda, eh,- yo también lo pensé-. Porque él me contó que ahora, está dormida en mi corazón, y que si la despierto me va a acompañar siempre, aunque no la vea más fisicamente, ella va a estar a mi lado. Así que ahora, voy a hacer muchas fuerza para despertarla en mi corazón, así puedo empezar a sentirme como antes.-
Ana lo miró emocionada y lo abrazo fuerte, Santino, se dejó abrazar. En ese abrazo sintió que, su mamá, estaba empezando a despertarse y, que a partir de ahí, nunca más se sentiría como "esa noche". El olor de las flores ya no era raro, tampoco era el mismo de antes. Ahora las flores parecían tener otro sentido. Ya no eran de nena. Se acercó a uno de los aros enormes y sacó de él una Cala blanca. La guardó en su mochila y se sentó al lado de Ana, a mirar el cartel de “Prohibido Fumar”.-
[Para Santi]