El otro día con una amiga hablábamos de las relaciones amorosas. Su pregunta tenía más que ver con el cómo encontrar a alguien, que con el cómo mantener una relación.
Está claro que en épocas como éstas, con la banalidad que padecemos en todos los aspectos de la vida, es natural que la soledad sea más común que las parejas felices. Es decir, uno siempre idealiza aquello que no tiene; pero muchas veces, por quedarse en la mera idealización se choca contra una pared de realidad cuando en lugar de una cosa, se encuentra con otra.
Lo natural, y siendo tantos los solitarios que vagan por doquier, sería que encontrarse sea tan simple como destapar una cerveza, pero no. La realidad nos muestra como ciegos que avanzan sin saber bien por qué, ni por dónde.
Le decía a mi amiga, que para encontrar primero hay que saber qué es lo que uno busca. Es decir, muchos, por el simple hecho de hacer de cuenta que están menos solos, se entregan a relaciones intensas, pero fugaces y lo peor, es que saben que esas relaciones tienen poca vida.
Tal vez por el mismo hecho de que una relación más duradera o que empieza sin fecha de vencimiento, requiere de mayor compromiso y, sobretodo, de mayor riesgo.
El trabajo de conocer mínimamente al otro, algo que quizás vemos como innecesario, es fundamental. Lo que uno pierde de vista, es que la única forma de conocerse a sí mismo en una relación, es dándose ese tiempo que, por lo general, nos restamos.
Es decir, una persona que nunca tuvo una relación de pareja, difícilmente sepa cómo es en una relación de pareja. Por lo tanto, cuando llega el momento de buscar alguien que lo complemente, por decirlo de alguna manera, no sabe bien qué busca.
Es por eso que es tan complicado saber qué es lo que uno necesita, y es por no saberlo que yerra en la búsqueda.
Entonces, lo primero sería conocer que es lo que a uno le falta para enfocarse en esa dirección. Y lo segundo es saber que no en cualquier lado puede encontrar eso que busca.
Mi amiga me decía que ella ‘lo da todo’, es decir, ella se entrega hasta ‘vaciarse’. Es en ese punto, en que simplemente ‘da’, que queda en una posición pasiva ante el otro, y es bueno saber que el Deseo, se alimenta del Deseo activo. Uno desea el Deseo del Otro. Y el Deseo del Otro, suele coincidir, con uno mismo. EL Otro, nos desea, entonces lo deseamos. Por lo tanto, una persona que no pide, puede confundirse con una persona que no desea, o sea que no necesita de otro.
Mi amiga aducía que el miedo al rechazo es lo que provoca su no pedido. Pero si no pedimos, ¿cómo pretendemos que el otro sepa qué es lo que necesitamos?. Todo esto es parte del conocerse. La entrega absoluta suele ser menos arriesgada, y más simple, que el hecho de salir a buscar lo que uno quiere, porque muchas veces, ni uno sabe qué es eso. Además, si las cosas no salen como deseamos, es más fácil escudarse en el ‘yo le dí todo’, y caer en la victimización, que tener que hacerse cargo de las cosas que salieron mal, planteárselas y modificarlas.
Entonces, yo me pregunto, con esto de la soledad, el no encuentro, y el miedo al rechazo, ¿uno siempre busca en el lugar en dónde hay?. Porque muchas veces, pareciera que uno insiste en lugares conocidos, en donde sabe que no encuentra nada. ¿por qué tenemos esa tendencia, caprichosa, a volver al lugar en donde terminamos perdiendo?
Una vez me dijeron, ‘tu soledad aparece dónde sentís, que aquellos que deberían darte, aparecen’. Es decir, donde esos que me rechazan y me niegan aparecen, aparece mi sentimiento de soledad. Es lógico, si lo pienso, es totalmente lógico. Porque es el rechazo de esos lo que hace que me enfrente con propia mi soledad. Es una soledad adquirida, digamos.
Lo interesante, sería saber por qué uno se hace a sí mismo este tipo de trampas. Por qué si ,al fin y al cabo, termina llorando, lamentándose por lo que no fue, y jurándose que nunca más le va a volver a pasar, vuelve a hacer todo de la misma manera. Si uno no cambia el foco, si no aprende a conocerse, a darse tiempo para conocer al otro, quien quiera que sea ese otro, si no aprende a pedir, -y para eso necesariamente, tiene que aprender qué quiere-, nunca va a salir de ese círculo vicioso y solitario, del ‘yo le di todo’, ‘ya no hay hombres’, -o mujeres-, ‘le tengo miedo al rechazo’, ‘no quiero comprometerme’. Etc. Etc. Etc.
¿Qué hacen ustedes para encontrar lo que buscan? ¿Saben qué buscan? ¿Buscan en el lugar indicado, o golpean la puerta que ya se les cerró 1000 veces?.
Interesante, ¿no?.
Pd: Feliz Aniversario.
