Estoy con la música al palo, escuchando a Cristian Castro. En eso, entra la vieja, se para en la puerta y me mira. ¿Qué onda?, pienso. Me mira. La miro. Me mira. La miro. No me resisto y le pregunto, ¿qué querés?, me dice, mmmnada. ¿Sou?, por qué estás apostada, como cenicero de moto, en la puerta de mi habitación, pregunto. Por nada y se vá. Se vá… ¿me entendés?. Ay, ya está, me cagó el día, pienso. Me levanto, me baño, después desayuno. Pero antes, mientras me baño, empiezo a sentir un leve mareo. Y claro, imagináte, como soy tremendamente fatalista, -y egocéntrica-, me veo titular de Crónica, “porteña pelotuda muere de un resbalón en la ducha”. Sí, ya me caí, les cuento. Pero no. No me morí. El universo tendrá que esforzarse más para deshacerse de mí, muejejeje.
Mientras desayuno, la vieja ni lerda ni perezosa, me dice: mirá que no hay nada para comer eh. Ay, puta madre. Me cagó, pienso. Es verdad, desde navidad que no voy al supermercado. Y ahora, qué, ¿decíme?, ¿qué más quieren de mí?, pienso.
Dos cosas, o voy a comprar para hacerle imposible la vida a mi madre y interpelarla para que cocine o, me banco verla sentada durante toda la tarde, sin hacer nada meta takatakataka, y pido una pizza. A ver, ¿Qué creen que hice?. No. Poco me conocen, señores, poco. Ninguna de las dos.
Mientras desayuno, la vieja ni lerda ni perezosa, me dice: mirá que no hay nada para comer eh. Ay, puta madre. Me cagó, pienso. Es verdad, desde navidad que no voy al supermercado. Y ahora, qué, ¿decíme?, ¿qué más quieren de mí?, pienso.
Dos cosas, o voy a comprar para hacerle imposible la vida a mi madre y interpelarla para que cocine o, me banco verla sentada durante toda la tarde, sin hacer nada meta takatakataka, y pido una pizza. A ver, ¿Qué creen que hice?. No. Poco me conocen, señores, poco. Ninguna de las dos.
Agarré saqué plata de mi billetera y se la dejé sobre la mesa. No. No crean que soy una hija desalmada, no. Al contrario, estimulo a mi madre a hacer… “cosas”, no importa cuáles, Ponéle, lavar la ropa, cocinar, barrer, ir a comprar. Pero, oíme, el trabajo dignifica ¿o no?, ¿entonces?.
Va a comprar y vuelve. De pronto la escucho gruñir desde la cocina. Escucháme, si vas a putearme, al menos que sea en la misma habitación; sino me estás negando la posibilidad de una justa defensa y eso, señores, es inmoral. Esta situación, me obligó a levantarme y a acercarme hacia donde se encontraba mi progenitora para escuchar, detrás de la puerta, qué estaba cacareando desde hacía rato. Y la escucho, hablando con el gato. Ay, Virgen Santa, esta mujer está mal. Estaba peleando con un animal, ¿me entendés?, pero no peleando con uñas y dientes, no. Peleando verbalmente. O sea, el gato no te entiende hermana, no-te-entiende. Le profería frases e insultos tales como: “ay, te dije que no”, “ay gata, gata, salíiii”, o, “ay, pero qué gata de miuuuuurda”, etc. Lo peor de estos “entredichos” que tenía con el animal no era el contenido, si no el tono chillón y rompe huevos que utilizaba para enunciarlos.
A ver, cómo pretenden que yo sea una persona normal. Díganme. Ustedes probablemente no hubiesen, siquiera, sobrevivido a la primaria, déjenme de joder.
He dicho.-
Va a comprar y vuelve. De pronto la escucho gruñir desde la cocina. Escucháme, si vas a putearme, al menos que sea en la misma habitación; sino me estás negando la posibilidad de una justa defensa y eso, señores, es inmoral. Esta situación, me obligó a levantarme y a acercarme hacia donde se encontraba mi progenitora para escuchar, detrás de la puerta, qué estaba cacareando desde hacía rato. Y la escucho, hablando con el gato. Ay, Virgen Santa, esta mujer está mal. Estaba peleando con un animal, ¿me entendés?, pero no peleando con uñas y dientes, no. Peleando verbalmente. O sea, el gato no te entiende hermana, no-te-entiende. Le profería frases e insultos tales como: “ay, te dije que no”, “ay gata, gata, salíiii”, o, “ay, pero qué gata de miuuuuurda”, etc. Lo peor de estos “entredichos” que tenía con el animal no era el contenido, si no el tono chillón y rompe huevos que utilizaba para enunciarlos.
A ver, cómo pretenden que yo sea una persona normal. Díganme. Ustedes probablemente no hubiesen, siquiera, sobrevivido a la primaria, déjenme de joder.
He dicho.-

