No sé si les conté. Pero por las dudas me repito. Me corté el pelo. Aquellos que tuvieron la posibilidad de conocerme con mis crenchas crecidas y severamente dañadas sabrán que, para mí, era una deuda pendiente y que no podía empezar otro año, si no era con la peluca acomodada, podada y bien limpita. Ok, Lo acepto. El 30 de Dic. En una búsqueda desorientada y empedernida, por encontrar un peluquero decente, caí en una peluquería de morondanga... pero carísima. (A ver las cordobesas, si me consiguen un peluquero como la gente para la próxima, eh).
Decía, me corté el pelo en una peluquería pedorra, pero que, para no sentirse menos no te cobran el corte... 15 pesos, no, acá te cobran $36. Sí, me hice la cancherita, y me ensartaron como morrón en broyet.
El problemita no es, “tanto”, el precio sino una vez más, la ineptitud de la gente para realizar correctamente su trabajo. No voy a tirarme en contra del rubro peluqueril, porque ya lo hice una vez, y sin embargo, sucumbí nuevamente a la tentación. Bah, en verdad las opciones eran pocas, o me cortaba un peluquero, o me pasaba la “Cero” y terminaba rapada al mejor estilo Jimena Cyrulnik.
Les decía, la chiquita que me agarró, me lavó la cabellera suavemente, me peinó y comenzó a cortar. Las directivas que dí no fueron justamente, “precisas”, fue más bien un, “vos cortá, cortá con confianza”. Y como la muy incauta, parecía tenerle miedo a la tijera,- o a mi pelo-, terminé diciéndole, cortáme tipo Flogger. Ay, Por el amor de Lucho. Mátenme. Mátenme, porque si bien en rigor, no tengo el corte “flogger”, osé pensar en él por un instante. De todos modos, me quedó bien, digamos. O al menos mejor de lo que lo tenía.
Antes era un lampazo, de pelo negro y largo. Ahora parezco un pinipon, con casquito y pelo a la cintura. Pero por lo menos, los pinipones, tenemos pelucas intercambiables. Porca Miseria
El problemita no es, “tanto”, el precio sino una vez más, la ineptitud de la gente para realizar correctamente su trabajo. No voy a tirarme en contra del rubro peluqueril, porque ya lo hice una vez, y sin embargo, sucumbí nuevamente a la tentación. Bah, en verdad las opciones eran pocas, o me cortaba un peluquero, o me pasaba la “Cero” y terminaba rapada al mejor estilo Jimena Cyrulnik.
Les decía, la chiquita que me agarró, me lavó la cabellera suavemente, me peinó y comenzó a cortar. Las directivas que dí no fueron justamente, “precisas”, fue más bien un, “vos cortá, cortá con confianza”. Y como la muy incauta, parecía tenerle miedo a la tijera,- o a mi pelo-, terminé diciéndole, cortáme tipo Flogger. Ay, Por el amor de Lucho. Mátenme. Mátenme, porque si bien en rigor, no tengo el corte “flogger”, osé pensar en él por un instante. De todos modos, me quedó bien, digamos. O al menos mejor de lo que lo tenía.
Antes era un lampazo, de pelo negro y largo. Ahora parezco un pinipon, con casquito y pelo a la cintura. Pero por lo menos, los pinipones, tenemos pelucas intercambiables. Porca Miseria
He dicho.-
