Me odian, veo veneno en sus ojos. Sé que están deseando que me atragante con un canapé en mal estado. Lo sé, lo sé. Pero no. No les voy a dar el gusto. Esta capacitación va a ser mejor que la anterior, pienso. Ay, ay, ¿a quién engaño?, esta manga de subversivos enajenados, están sentados acá porque no les queda otra. Soy un fracaso como capacitadora de Recursos Humanos; una vergüenza para la comunidad Psi. Buahhhhhhhh, lloro.
Tengo las piernas congeladas, como esas patitas de pollo pre-fritas que venden en los supermercados. [y ahora tengo una imagen de mí misma con patas de pollo]. Pero el congelamiento bajo el efecto de un aire acondicionado, es placetero, no jodamos. [Sobre todo si hacen 40° y hay 150% de humedad, qué tanto].
Ahhhhhh, grito mentalmente. Ok, ¿estamos todos?, pregunta una. Síiii, dicen al unísono. Arrancamos con la capacitación. Y ahí empiezo a bajar línea a mansalva, a diestra y siniestra, a trochi y mochi, a rolete, a lo pavote.
Ahhhhhh, grito mentalmente. Ok, ¿estamos todos?, pregunta una. Síiii, dicen al unísono. Arrancamos con la capacitación. Y ahí empiezo a bajar línea a mansalva, a diestra y siniestra, a trochi y mochi, a rolete, a lo pavote.
Les digo que no pueden tener el uniforme rotoso, porque son la imagen de la marca, y que no puede haber telarañas en el techo, porque es un asco, y que bla bla bla. Me dicen a todo que sí, de pronto, hago la pregunta mágica: ¿qué es trabajar en equipo?, ¿trabajan en equipo?. Y ahí saltan todos, se empiezan a bombardear mal, se pelean, qué divertido que es trabajar en esto. Y recuerdo las teorías comunicacionales, mi Dios, me encanta.
Luego de 2 horas de bajar línea subliminalmente, retorno a mi hogar, oh, dulce hogar. Llego y está la vieja mirando estudio país, puta madreeeeee. Noooo, la pesadilla se repite. Necesito urgente hacer algo para neutralizar a mi madre y su adicción por Juan Alberto, [qué, dicho sea de paso, esta vacacionando descaradamente en Pinamar, y la dejó a Maby Wells conduciendo el programaaaaaaa, aaaaaaaaaaaaaaaahhh] Por favor, si a alguien se le ocurre algún antídoto, tenga a bien hacérmelo llegar. Entro y la veo, meta takatakataka, con la gata en la falda. Fue una imagen apocalíptica, créanme. De pronto, estaban ellas dos, cual Penélopes en la estación, esperando vaya uno a saber qué. La abducción producida en mi madre por este tipo de programas televisivos, llega a hacer que no escuche si entra alguien por la puerta, por ejemplo, yo. Entonces, la miro un minuto, dos minutos, tres minutos. Pelea con el gato, le dice: gata, gata salí, pero no me mira, me ignora. Toda esta escena cuasi babilónica en la que mi madre se comunica con el gato en idioma universal, hace que yo, absolutamente ignorada, salga y vuelva a entrar al grito de: HOLA HOLA QUE TAL, VENGO DE VISITAS. Me miran, las miro, me miran, les digo, ¿qué?, naadaaaaaa nena, me dice mi madre. Paso y voy a mi habitación, en eso la vieja me dice: ¿vas a comer pescado?, mmmsa, le digo. Al rato viene y me dice: está lista la comida. Y claro, imagináte, la ecuación es obvia: a saber, gato más plato libre de pescado sobre la mesa, igual, chau pescado. Llegamos y el pescado no estaba. Ahí empezó la acatombe. En una lucha enardecida por hacer justicia, mi madre empezó a correr al bicho por derredor de la mesa, y la gata ni lerda ni perezosa, sabiéndose culpable del crimen previamente cometido, salió corriendo como rata por tirante. Mientras yo, revolcábame en el piso, con espasmos de risas y un “símil ataque de epilepsia”, porque no daba crédito a lo que mis ojos estaban viendo, posta, surrealista. Fue así que me iluminé y vino a mí la frase que rezará mi epitafio: ¿SOY LA UNICA PERSONA CUERDA?, qué sola estoy. Muejejeje.
Luego de 2 horas de bajar línea subliminalmente, retorno a mi hogar, oh, dulce hogar. Llego y está la vieja mirando estudio país, puta madreeeeee. Noooo, la pesadilla se repite. Necesito urgente hacer algo para neutralizar a mi madre y su adicción por Juan Alberto, [qué, dicho sea de paso, esta vacacionando descaradamente en Pinamar, y la dejó a Maby Wells conduciendo el programaaaaaaa, aaaaaaaaaaaaaaaahhh] Por favor, si a alguien se le ocurre algún antídoto, tenga a bien hacérmelo llegar. Entro y la veo, meta takatakataka, con la gata en la falda. Fue una imagen apocalíptica, créanme. De pronto, estaban ellas dos, cual Penélopes en la estación, esperando vaya uno a saber qué. La abducción producida en mi madre por este tipo de programas televisivos, llega a hacer que no escuche si entra alguien por la puerta, por ejemplo, yo. Entonces, la miro un minuto, dos minutos, tres minutos. Pelea con el gato, le dice: gata, gata salí, pero no me mira, me ignora. Toda esta escena cuasi babilónica en la que mi madre se comunica con el gato en idioma universal, hace que yo, absolutamente ignorada, salga y vuelva a entrar al grito de: HOLA HOLA QUE TAL, VENGO DE VISITAS. Me miran, las miro, me miran, les digo, ¿qué?, naadaaaaaa nena, me dice mi madre. Paso y voy a mi habitación, en eso la vieja me dice: ¿vas a comer pescado?, mmmsa, le digo. Al rato viene y me dice: está lista la comida. Y claro, imagináte, la ecuación es obvia: a saber, gato más plato libre de pescado sobre la mesa, igual, chau pescado. Llegamos y el pescado no estaba. Ahí empezó la acatombe. En una lucha enardecida por hacer justicia, mi madre empezó a correr al bicho por derredor de la mesa, y la gata ni lerda ni perezosa, sabiéndose culpable del crimen previamente cometido, salió corriendo como rata por tirante. Mientras yo, revolcábame en el piso, con espasmos de risas y un “símil ataque de epilepsia”, porque no daba crédito a lo que mis ojos estaban viendo, posta, surrealista. Fue así que me iluminé y vino a mí la frase que rezará mi epitafio: ¿SOY LA UNICA PERSONA CUERDA?, qué sola estoy. Muejejeje.
