Una murga. Son las 2 de la mañana y hay una murga haciendo ridiculeces en la puerta de mi casa. Mi Dior. Cómo puede ser que los vecinos no se quejen, manga de enfermos. ¿Cómo hacen para dormir con estos energúmenos tocando bombos y platillos, eh?, decíme. Esto no tiene razón de ser. Me levanto dispuesta a todo, y marco el 101. Puto 101 se queda mudo. O sea, nunca tener un chorro apuntándote con un revólver, o una emergencia porque la cana no te atiende después de las 12, eh. Llamo al 100, por las dudas que este marcando cualquier cosa, pero el tipo me dice: bomberos. Puta madre, le digo, oíme, la policía es el 101, sah, me dice. Ok.
Vuelvo a marcar y nada. Má sí, me acuesto otra vez. Se calman, pero igual se escucha que la murga de mierda sigue tocando, esta vez, desde la esquina.
Les odio. Tengo ganas de tirarles con una docena de huevos, malditos irrespetuosos, infelices. Pero me contengo. En su lugar, les grito barbaridades desde mi ventana, barbaridades que no escuchan porque siguen tocando los bombos como enajenados, y se sacan fotos. ‘Alguien’ que vive conmigo, me dice, ehhhhhh pará, no grités. Todo porque levanté la persiana, los re putié y les mande meterse los bombos, literalmente, en el orrrrrrrrto.
Le digo, oíme, ¿los desubicados son ellos, y yo me tengo que quedar callada?, eh, eh, eh. Pero pareces una loca, me dice. Lo soy, le digo, prefiero ser loca, y no una infra-dotada que no sabe que, a las 2 de la mañana, la gente duerme. ‘alguien’, opta por cerrar el pico, porque obviamente, tengo razón.
Ahora, mi pregunta es, -y esto lo digo por si algún vecino, de estos evidentemente sorditos que tengo, lee mi blog-, a saber: ¿cómo mierda hacen para dormir a los hijos, eh?, díganme. Porque evidentemente si les sirve a los pendejos me tiene que servir a mí.
La próxima, les hago un enema de platillos, y les saco fotos con los bombos clavados donde no les da el sol, infelices.
He dicho.
